“Últimamente me han sucedido cosas tan extraordinarias que, si no fuera por el claro testimonio de mis sentidos, las rechazaría como ilusorias. Pero ahora lo creo todo, por absurdo e ilógico que parezca” 
                   Hoffmann (en” Maese Pulga”)

“Pienso mi yo reflejado en un cristal múltiple –todas las figuras que se mueven en torno mío son yos y me molesta su conducta” 
Hoffmann (6 de noviembre – en su “Diario”)

 

                    

Cristina S. de Pérez  - Liliana A. Berraondo 

 

             Para Sigmund Freud  E. T. A. Hoffmann es el maestro inigualado de lo ominoso en la creación literaria.
             Su novela Los elixires del diablo exhibe todo un haz de motivos a los que cabría adscribir  el efecto ominoso de la historia.
                Freud señala de esta historia fantástica por sus malabarismos entre la realidad y el sueño, la visión metafísica del ser y la lucha formidable entre el bien y el ma l-  el valor de un texto que contiene la presencia de dobles en todas sus gradaciones y plasmaciones, el salto de procesos anímicos de una de estas personas a la otra, la identificación con otra persona hasta el punto de equivocarse sobre el propio yo o situar el yo ajeno en el lugar del propio – o sea duplicación, división, permutación del yo-, y, por último, el permanente retorno de lo igual, la repetición de los mismos rasgos faciales, caracteres, destinos, hechos criminales y hasta los nombres a lo largo de varias generaciones sucesivas.
Nos dice: “Estas representaciones han nacido sobre el terreno del irrestricto amor por sí mismo, el narcisismo primario, que gobierna la vida anímica tanto del niño como del primitivo; con la superación de esta fase cambia el signo del doble: de un seguro de supervivencia, pasa a ser el ominoso anunciador de la muerte”.

En su texto de 1919 Lo ominoso, Freud analiza el cuento de Hoffman “El hombre de la arena”, argumento entramado con pregnancia de  juegos ópticos, predominio de lo especular, fascinación del personaje por una muñeca autómata Olimpia, y un acto suicida resolutorio. Freud efectúa un análisis singularmente exhaustivo de aquellos temas que evocan un efecto ominoso, realizando una  descripción de fenómenos que desembocan en una de las formas más extrañamente inquietantes de la superstición “el mal de ojo” y  el fenómeno del doble que situará como “repetición de lo idéntico” y que provoca en sí esa “inquietante extrañeza” que es también “extraña familiaridad”.
Siguiendo este camino Jacques Lacan agrega: “No es por nada que Freud insiste sobre la dimensión esencial que da a nuestra experiencia del Unheimlich el campo de la ficción. En la realidad ella es demasiado fugitiva y la ficción la demuestra mucho mejor, la produce incluso de una manera más estable por hallarse mejor articulada. Es una especie de punto ideal, pero cuán precioso para nosotros, ya que a partir de él podremos ver la función del fantasma."