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Ana Cristina Carlós
La transferencia es uno de
los ejes centrales donde se apoya la experiencia analítica.
El amor es uno de los conceptos fundamentales para interrogar la práctica
analítica, en tanto funda la entrada a un psicoanálisis.
Uno de los principales avances lacanianos será la puesta en posición del
amor a la luz de la lógica del fantasma, inaugurando así una lectura inédita
del amor y su vertiente real - simbólico - imaginario.
El amor se dirige al saber inconsciente, amor a los significantes del
inconsciente. El sujeto va a la búsqueda de la verdad, verdad que se
encuentra encarnada en sus síntomas.
La transferencia analítica es un verdadero acontecimiento en la historia
de un sujeto, y es desde ese lugar que se constituye el lugar del sujeto
supuesto saber en su articulación con el síntoma, primer tiempo del amor
que se constituirá en la puerta de entrada al dispositivo analítico.
Escenario donde se pondrán en juego los significantes fundamentales de
una historia que serán articulados en la presencia real del analista y
puestos en acto en la repetición. Reflejo de una verdad que sólo por ser
real, será sólo un decir a medias en la interpretación del
inconsciente, en su estructura de lenguaje y en su dimensión de metáfora
poética. La transferencia contiene un valor de creación de una realidad
inexistente que sitúa el amor como metáfora de un acontecimiento.
La transferencia en tanto metáfora del amor supone que el analista opere
haciéndose soporte del objeto "a ", para ser arrojado de ese
lugar. Fractura, franqueamiento del sujeto supuesto saber. La dimensión
creacionista de la transferencia, inaugura una historia inédita que es la
historia de la transferencia, un nuevo orden para el sujeto hablante.
Desde esta perspectiva el amor, en su esencia de engaño, será situado
como soporte del error, la mentira, el engaño ya que el amor se presenta
como pasión narcisista por excelencia. Nos mostrará las posiciones
subjetivas del ser que se pondrán en acto en transferencia y se podrán
ubicar en los ideales que el amor sostiene los goces a los que sirven.
Por ello el aporte lacaniano del fantasma nos ubicará dentro de un
estatuto justo en relación al amor, el deseo y el goce.
Tomaré el valor de la poética del amor cortés, tema que estoy
investigando en un cartel ya que comporta una dimensión ética, como
modelo en la interrogación del amor.
- El valor de la puesta en marcha de
una concepción del amor, marcando un progreso cultural fundamental y
el surgimiento del ideal centrado en el objeto femenino.
- Modelo que marca la universalidad de
ciertos fantasmas que estarán presentes en el patrimonio imaginario
de cada sujeto como fundante del amor en lo imaginario.
- El culto del objeto idealizado y su
articulación como condición de la transferencia. Constitución del
ideal como puerta de entrada a la instalación del S.S.S.
- La posibilidad de situar la problemática
del objeto femenino, en tanto enigmático y ambiguo. La figura de LA
mujer como objeto absoluto, instaurando un vació central.
- El amor cortés, y la relación, del
S.S.S. en tanto sólo en la vía de que el amor es el amor cortés,
por lo imposible del encuentro con el objeto, se situará el verdadero
estatuto del amor que abrirá la dimensión creacionista de la metáfora.
¿Porqué Jacques Lacan ubicó al amor cortés como un avance fundamental
en la historia de la cultura?
Porque funda el lugar de lo absoluto y lo interdicto, sublimación
alrededor del objeto femenino, inscripción de un significante, la dama,
donde se revela el estatuto de lo imaginario para mostrarnos cómo la
instalación del culto del objeto idealizado es un verdadero progreso
cultural.
Nos mostrará, a través de la escritura poética, el valor de los
fantasmas y su universalidad. El amor y lo cómico, el amor y el
sufrimiento. Cuestiones universales que siguen siendo el material de
nuestros fantasmas.
El psicoanálisis va a profundizar las condiciones de amor, haciendo de
ello, el modo en que el objeto se convertirá en algo preferible. Respecto
del estatuto de la mujer como objeto absoluto, concierne a que, en esta poética,
la mujer va a quedar vaciada de sustancia real al ser tomada como objeto
de deseo, en razón de que al ser al que se dirigen los poetas, si bien
estaban soportados por una mujer, su acceso se consideraba como imposible,
en tanto al ser al que se dirigen es un ser de significante, un objeto
para representar la existencia de un vacío, que será poblado por las
diferentes formaciones imaginarias en tanto el fantasma es el sostén del
deseo.
El lugar del analista comporta la entrada en función de una ficción. Se
le exige al analista un grado de sublimación libidinal para poder operar.
Ana O. y Breuer nos muestran acerca de esta opacidad de la transferencia.
¿Cómo el analista debe operar honestamente con sus deseos? El modelo de
LA dama en el amor cortés nos permitirá situar, cómo un objeto está
hecho para representar la existencia del vacío en el centro de lo real,
el objeto femenino se introduce por la muy singular puerta de la privación
y de la inaccesibilidad. Posibilidad que tiene su existencia en un mundo
de lenguaje en tanto siempre existe una distancia entre el objeto y la
cosa, tachadura del lugar de la persona. Hay un objeto interdicto, que
funda lo real. Principio ineludible.
La lectura que Lacan ha realizado de la literatura medieval nos ofrece la
riqueza de esta poética para rescatar el lugar del objeto interdicto y cuál
es el valor, para el neurótico, de sus fantasmas, verdad o mentira,
importa la marca que quedó impresa en la piel, goce del cuerpo, que se
expresa por el significante.
Partimos del ideal como condición de la transferencia. La transferencia
es para el sujeto hablante la entrada de un nuevo orden en tanto el amor
es una metáfora, ese amor que el sujeto va a fundar allí en torno a un
ideal será el desafío que el analista tendrá que tomar, en tanto estar
advertido sobre las trampas del amor y para que este lugar del amor
permita ser franqueado, equivocado, errar en su camino.
El amor es goce.
Encuentro con el amor, con un goce que el fantasma oculta en nombre de una
pasión, pasión que hace a la ignorancia del deseo. Al igual que el amor
cortés, se tratará de hacer entrar las verdades del amor y los ideales,
que engendran los goce que el amor sostiene. El analista opera con el
rehusamiento, con la posibilidad de dejar ese lugar vacante, ese vacío en
el centro de lo real. Posibilidad de representar, de semblantear, de no
ser nunca lo que allí se propone. Para proponerse a entrar como supuesto
en el fantasma debe operar con el rehusamiento de toda posibilidad del
encuentro corporal. Es con su falta que el analista interpreta porque sabe
que no hay ningún lugar donde se asiente el saber absoluto.
El amor es lo imaginario de cada uno, y
es por ello que necesita esa raíz de lo imposible, donde el procesamiento
de los ideales del amor abrirá una nueva versión del amor que permita
conjugarse con un deseo siempre a distancia de su objeto y establecer un vínculo
social, que sólo el discurso analítico nos permite. |
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